Terapias

     

Hay montones de cosas que se pueden hacer para ayudar en el trabajo de duelo. Y no es nuestra pretensión hablar sobre todas, porque ni las conocemos ni tenemos conocimientos en absoluto para hacerlo.

Obviamente están las terapias psiquiátricas y psicológicas individuales. Que no siempre son necesarias, porque el duelo no es una enfermedad. Pero hay especialistas en la materia que pueden ayudar. Y es verdad que durante los primeros meses es posible que necesitemos incluso ayuda de fármacos para calmar la ansiedad, mantener a raya una posible depresión o para poder conciliar el sueño.

Hay multitud de escuelas y tratamientos psicológicos y psiquiátricos. Es difícil decidirse por uno de ellos cuando pensamos que necesitamos ayuda. Como norma de sentido común, hay que buscar profesionales cualificados, y ayudarse también de los consejos de personas de confianza. Aunque también es verdad que luego cada doliente es un mundo, y lo que le ha ido bien a uno, puede ser de lo más incómodo para otro.

Las terapias de grupo, especialmente de grupos de duelo, son bastante eficaces. En la página sobre el duelo , en esta misma bitácora, hay información al respecto.

Además de, o en lugar de ellas, según las circunstancias, también son de bastante ayuda los foros de duelo en internet. Que en el fondo son lo mismo, pero con participantes de todo el mundo, porque la Red permite comunicarnos de punta a punta del planeta.

Aquí podemos encontrarnos con alguna diferencia respecto a los grupos que se reúnen en un espacio físico real, y no virtual. Es posible que haya espacios de tiempo en que nadie conteste y el doliente se sienta solo. El hecho de que contesten personas que están pasando por el mismo drama es muy alentador. Pero la ausencia de un terapeuta que encauce las cosas puede notarse mucho. Porque un administrador del sistema no es un psicólogo o psiquiatra entrenado en ayudar.

Los foros pueden pasar por fases depresivas, o eufóricas. Pueden entrar trolls, spam y elementos distorsionantes, que a los novatos en internet les descorazonan mucho. También pueden perder el hilo y polemizar en lugar del objetivo que se habían propuesto. Esto dependerá mucho del tipo de foro, de las reglas y del cumplimiento que haga de ellas el administrador.

Guardando las debidas precauciones, y sabiendo que se encontrarán todo tipo de opiniones, cada uno podrá encontrar los foreros afines con los que se sienta más identificado. Y eso también es curativo.

Después de un tiempo de leer y escribir, algunos foreros pueden llegar a hacerse amigos. Y conocerse personalmente, si están lo suficientemente cerca. O chatear por otras vías. Yo tuve una buena temporada en que me conectaba al Messenger cada noche y charlaba con cuatro o cinco amigas de los dos lados del Atlántico.

Nos llegamos a reunir para hacer cursos que nos parecían interesantes, algún viajecillo, pasear o tomar un café. Una buena amiga se vino a España desde Argentina para conocer a sus “hermanas de alma”. Quedamos para charlar sobre libros, hacer prácticas de meditación o, simplemente, pornernos al día de nuestras vidas. Y todavía sigue así.

También es conveniente saber que, en fases cíclicas, los propios grupos o foros de duelo en lugar de ayudar pueden llegar a angustiar. No hay que sentirse culpables por eso. Sencillamente, hay que comentarlo a los compañeros con los que más nos relacionemos  y participar o no según la necesidad que sintamos.

Con sencillez. Ya habrá tiempo más adelante de decidir qué hacer.

Nuestra humilde opinión en cuanto a terapias es la combinación de prácticas sencillas. Las cosas que hemos ido definiendo en las páginas de esta bitácora:

Buscar hobbies manuales y/o creativos que nos ayuden a recargar nuestra energía y a entretener las horas vacías, para que no se vuelvan horas negras y bajas.

Hacer una actividad física, para que el cuerpo no se entumezca y el cerebro pueda mejorar con las endorfinas que el deporte hace segregar.

Escribir, leer, ir saliendo poco a poco de casa. Llevar una rutina metódica de sueño, trabajo y comidas…

Buscar alguna práctica espiritual que nos consuele. Cada uno la suya.

Si a esto le sumamos el contacto con otros dolientes (física o virtualmente) con los que desahogarnos y compartir las penas, el apoyo de la familia y un sincero afán de recuperación, podremos ir asumiendo nuestra pérdida y reiniciando una nueva vida. Nueva para siempre, porque nos falta una persona imposible de recuperar en esta tierra.