Reflexiones ante la muerte de un niño (pensamiento católico)

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Hoy me preguntaron sobre lo que se puede decir a unos padres destrozados por la muerte de su hijo pequeño.
Creo que tenía cuatro años vividos y varios millones en el pago aplazado de la eternidad…

De entrada no sé que decir. Ya saben ustedes que el silencio de la muerte es nuestro mayor desconsuelo.
Miro alrededor tratando de entender. A estas alturas de mi vida ya sólo pretendo entender algo. No quiero comprender, quiero sólo entender.

¡Qué triste es ver siempre la muerte desde fuera!
Ésta es la gran tragedia del ser humano. Lo único que podemos ver desde fuera y cuando vayamos a vivirla ya no la entenderemos ¡ni falta que nos hará en aquel momento!

Pero ahora vemos la muerte de aquel niño, aquél cuerpecito estatuado e infinitamente dormido.
¡¡Despierta hijo!! ¿No ves nuestro dolor, nuestras lágrimas y nuestras pena?
El niño no vuelve. El niño está dormido.

Sólo Jesús atravesó el umbral y nos dio otra mirada.
¡Quiero resucitar contigo Señor!
Seca mi dolor.
Haz que no se enquiste mi pena ni se sequen mis lágrimas.

Nuestro Dios es un Dios que entiende y comprende nuestras fronteras.
¡Qué dura es la muerte!
Por eso Dios la escogió como la prueba definitiva, como el mayor milagro,
como la batalla más grande jamás ganada.

Hoy tengo un diálogo entre mi corazón y mi pena,
y de mi boca salen palabras de rabia y de condena.

¿Por qué la vida es así?
¿Por qué cada persona tiene que pagar cual condena su cara cuota de dolor?

Dolor, rabia, pena y esperanza; sobre todo esperanza en Aquel que la cruz día a día doblega.
Cada día desde aquel día, se repite en la historia la misma tragedia.

El paraíso terrenal es hoy nuestra pena,
nuestros diluvios son mareas de lágrimas que cual riada nos arrastra hacia el interior de nosotros mismos
en los siglos que nos quedan.
Tratamos de asirnos a algo para que no nos lleve la corriente de la pena y yo me agarro,
me aferro y me vuelvo uno con el árbol de la cruz, mi salvación, que no mi condena.
La cruz es la respuesta a tantas preguntas negras.

Mi crucifixión hoy son mis dudas,
mis oscuridades,
mis interiores fuerzas.

Mi resurrección es entender, confiar, vivir,
esperar a que mengüe la tormenta.
Un día se pasará la vida, mi vida,
nada hay más personal que la muerte para entenderla.

El niño sigue dormido.
¡Qué curiosa es la vida!
Cuando nacemos todos quieren tenernos en sus brazos,
protegernos, mimarnos, acariciarnos.
Cuando morimos, sólo pasados tres días,
todos quieren enterrarnos con prisas.
Sólo con dos vueltas enteras del reloj
ya nos vamos a nuestra cita con la eternidad.
¡Tendría que ser justo al revés!
¡Tardamos tanto en llegar a vivir y con cuánta facilidad nos vamos!

Pobre ser humano. Nacemos desprotegidos,
vivimos desprotegiéndonos y morimos deshaciéndonos.

El niño sigue dormido.
Sé que la muerte sólo es un pequeño sendero que nos lleva a ese paraíso que Jesús nos prometió.
Los muertos no vuelven porque perdiéndolo todo es como han ganado lo definitivo.

Los muertos ya no sufren, no lloran, no se entristecen. Eso lo dejan para nosotros.
Tengo que superar mi pena,
tengo que hacerme aliado de mi tristeza.

Una sonrisa aunque sea leve,
es una ventana que se abre en el campo de flores frescas.
No dejaré que mi pena sea motivo de condena para los que me rodean,
en el fondo qué es la muerte sino la vida que de verdad empieza.

Mientras, el niño duerme.
No llores, no grítes, no sufras y lo despiertes
en su nueva y resucitada tierra.
Déjame Jesús contemplar hoy tu resurrección en este niño recién muerto.
Déjame estar contigo en la Pascua que no cesa.

(Mario Santana Bueno)

One Comment

  1. mibebe10

    Este escrito tan sentido me sacudio . Hijo mio de mi alma entraste en un sueño tan profundo que por mas que mami te hablaba no despertaste y tube que decirte que no tuvieras miedo por el viaje que habias emprendido hacia el cielo. Ahora eres un lindo angelito, espera por mi para abrazarnos tan fuerte para nunca separarnos. Te extraño a montones y te pienso con cada latido de este pedazo de corazon que me quedo. TQM Estebancito

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