Reflexiones de esperanza durante el proceso de duelo

abrazando a un libro

Hay una cosa cierta y es que, nos guste o no nos guste, nuestro cerebro es el único responsable de darnos paz y tranquilidad, o hundirnos en lo más profundo del pesar y, mucho cuidado, porqué se que todos estamos pasando lo nuestro pero, si se me permite un ejemplo personal, yo tuve que aguantar que este cerebro mío no me facilitara otra imagen de mi esposa que no fuera sufriendo.

Hiciera lo que hiciera, todo terminaba en un recuerdo de cuando ella hacía o pasaba por tal o cual rincón de la casa, y me venía abajo con una desesperación y desconsuelo terribles, hasta que un día me enfadé mucho conmigo mismo. Me dije que no había derecho, que bastante estaba sufriendo como para que, encima, cuando los recuerdos aparecieran en mi memoria, solo sirvieran para maltratarme aún más.

Era como saber que había dos sacos, uno lleno de cosas infinitamente valiosas y agradables, y otro de mórbido, cruel y desgarrador, sin contar con un tercero que me explicaba mis fallos, errores, y aquello que nunca le dije o hice. ¿Por qué sólo recuerdos desagradables?

Muy a menudo tengo que forzarme a recordar que ella está bien, y esto me ayuda (no siempre) a recordarme que, si estoy pensando en ella, merece la pena pensar en “ella ahora”, por mucho que no la vea.

Si está bien, quiere decir que aquellas imágenes tan dolorosas me falsean el presente, y deseo vivirla por lo que es, y no por lo que en un momento de su vida fue. Puede parecer un juego de palabras, pero no es más que una forma de intentar reinterpretar un presente sin ella, pero con ella. Huir del concepto de “pérdida irreparable”, para entrar en una nueva dimensión en nuestra relación. Porque sigue viva, y no hablo exclusivamente de “en mi memoria”.

Después resulta que, cuando empiezas a obligarte a reaccionar de esa forma, no porque nadie lo diga ni lo aconseje, sino porque le empiezas a ver la lógica, empiezas a “tranquilizarte” un poco. Empiezas a aprender una nueva forma de relacionarte con tu ser querido que, en definitiva, es lo que más deseas en el mundo. Pero lo haces no por “locura”, aunque no entiendo cómo no terminamos todos locos, sino porque sabes que tiene una base cierta.

Quizás no los habremos visto, quizás tampoco oído, pero saber que ello es posible, te permite reconducir tus sentimientos, de forma mucho más agradable, llevadera y con sentido. Lo curioso del caso es que entonces es cuando ocurren “cosas”.

La lectura y el poder comentar acerca de estos temas es lo que llega a permitirnos entrar despacito, pero con pie firme, en otra manera de enfocar la “realidad” que nos rodea. Sientes que, a pesar del inmenso dolor, también empiezan a aparecer momentos de dulzura, que agradeces bárbaramente y comienzas a percibir la vida de forma distinta, más intensa y con otros valores distintos. Bien es cierto que nadie te quita los bajones terribles, pero sabes que tienes herramientas para volver a levantarte y seguir.

No se porqué nos ha tocado vivir este tipo de experiencias, pero es cierto que, al poco tiempo, nuestra visión de la muerte cambia totalmente, perdiéndole el temor y sintiendo que estamos solo de paso, una especie de preámbulo hacia algo mucho más elevado.

Nada tiene que ver con “comulgar con ruedas de molino” tras la búsqueda de consuelo, sino un acercamiento muy serio y profundo a una parte intrínseca del vivir, que nos abre unas perspectivas muy distintas a las que antes teníamos todos nosotros.

Yo diría que pertenecemos a un grupo muy determinado al que no se le puede convencer con palabras, ya que difícilmente aceptaremos otra cosa que hechos contrastados y vividos en primerísima persona, dado que no se trata de “llenar un vacío” con cualquier cosa que encontremos, sino hallar sentido a la pérdida más atroz e impactante que un ser humano pueda sufrir.

También merece la pena comentar que, si a través de esta búsqueda, llegamos a encontrar los resortes que nos permitan seguir una relación tan valiosa para nosotros, si hallamos respuestas claras, no solo en los libros, sino también en nuestros seres queridos, entonces quizás estemos entrando en unos niveles de comunicación y amor muy superiores a los que nunca jamás hubiéramos imaginado.

Xabier

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